Siempre es difícil saber en que punto empieza una historia (una de verdad), quizás porque la mayoría de veces las aventuras de personas reales se componen de infinidad de pequeñas cosas.

En 2012 quien firma esta entrada del blog – yo, Aida Red – acababa de terminar la carrera y trabajaba en un estudio a los pies de los Pirineos. Durante un tiempo pasé muchas – muchísimas horas – haciendo una maqueta de cartón a escala de las montañas donde se ubicaría un futuro proyecto. Sobraba tanto cartón y era tan mecánico el trabajo que con los retales construía juguetes que regalaba a mis compañeros. Hice barcos, locomotoras, globos aerostáticos, camiones y aviones.

El primer modelo de STOYRIES no fue más que un avión de trozos de cartón reciclado construido para que mi amigo y compañero de mesa Xavier lo colgara del ventilador al lado de la pantalla del ordenador.

Como los juguetes eran tan adorables mi jefa me sugirió medio en broma que los vendiera por internet, idea que me pareció a la par disparatada y ocurrente.

Cuando me marché a vivir a Madrid dejé allí los juguetes y con el tiempo, cuando Xavier volvió a su Galicia natal se llevó el avión, que sigue teniendo a día de hoy al lado del teclado.

Aparentemente STOYRIES nació ahí, pero a lo mejor nació antes, cuando empecé a preocuparme por el juego como un mecanismo capaz de activar a la gente o quizás – y sobre todo – nació después, cuando ya en Madrid construí un segundo modelo en cartón blanco con la intención de abandonarlo en la calle y ver que pasaba, y cuando le conté todo a María y ella me presentó a Agustín. Sí, fue en ese preciso instante.

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